Con motivo del Día Mundial de la Poesía, que se celebra el próximo 21 de marzo, hemos entrevistado a Raquel Fraga, graduada en Lengua y Literatura Española, voluntaria en el Centro Integral de Mayores (CIM) de Altea, en Alicante, gestionado y dirigido por la Fundación Salud y Comunidad (FSC) y el Grupo Lagunduz, cuya titularidad depende del Ayuntamiento de Altea. Raquel nos cuenta, a través de esta entrevista, su experiencia como profesora que se ocupa de realizar la actividad en el centro con las personas mayores.

– Háblanos de la actividad de poesía que realizas en el CIM de Altea.

Sí, coordino un taller de poesía en el Centro Integral de Mayores (CIM) de Altea, un espacio donde exploramos la poesía desde una perspectiva creativa y participativa. La actividad se desarrolla una vez por semana y está abierta a cualquier persona usuaria del centro que quiera sumarse. No buscamos solo leer poesía, sino también escribirla, descubrir nuevas formas de expresión y, sobre todo, compartir nuestras emociones a través de las palabras.

Durante las sesiones, trabajamos con distintos estilos y estructuras poéticas, desde el haiku hasta la poesía libre. A veces partimos de una palabra, una imagen, o incluso, un objeto para inspirarnos. Es un espacio en el que las personas participantes pueden experimentar sin miedo, perder el pudor a la escritura y encontrar su propia voz poética.

– Esta actividad la haces como voluntaria desde hace siete años…

Así es, llevo ya siete años haciendo esta actividad de forma voluntaria. Para mí, la poesía siempre ha sido un refugio y una manera de entender el mundo, y poder compartir esto con otras personas, es algo que me llena muchísimo. Ser voluntaria en este espacio es una experiencia enriquecedora en ambos sentidos: aprendo tanto de mis alumnos/as como ellos/as pueden aprender del taller.

 Cada sesión es un intercambio de emociones y experiencias en el taller de poesía que realizo como voluntaria el Centro Integral de Mayores de Altea.

– ¿Cuántas personas usuarias del CIM de Altea participan en esta actividad habitualmente?

El cupo máximo que admito es de diez personas, que son las que están en el taller ahora mismo. Me gusta que todas participen y si somos más, ya hay que ir con prisas y no se saborea tanto la actividad. Necesitamos prestar atención a cada poema, en la medida que se lo merece y eso lleva un tiempo.

 

– ¿Qué proporción de mujeres y hombres asiste al taller?

En el grupo actual hay una mayoría de mujeres, aproximadamente un 70%, y el resto son hombres. Sin embargo, todos participan con el mismo entusiasmo y la poesía ha servido para unirnos sin importar el género. Es interesante ver cómo cada uno aporta su propia visión del mundo a través de sus versos.

– Parece ser que las mujeres han sido siempre menos visibles en el panorama poético que los hombres. ¿Qué opinión tienes al respecto?

Sí, históricamente ha sido así. Muchas mujeres poetas no han tenido el reconocimiento que merecían o han sido relegadas a un segundo plano. Por suerte, en los últimos años se han rescatado figuras como las de «Las Sinsombrero», que fueron fundamentales en la Generación del 27, pero que apenas aparecían en los libros de historia.

Es importante seguir reivindicando la voz de las mujeres en la poesía. No porque sean «poetas mujeres», sino porque han escrito obras extraordinarias que deben ser leídas y valoradas en igualdad de condiciones.

– ¿Hay alguna poetisa o poetisas que te hayan inspirado a ti especialmente?

Sí, muchas. Desde Safo, con su poesía intensa y emotiva, hasta Rosalía de Castro, que supo dar voz a los sentimientos de su tiempo con una sensibilidad única. También, me inspira mucho Blanca Varela, poeta peruana con una obra fascinante, llena de imágenes potentes y de una introspección muy profunda.

– ¿Qué poesía o poesías te parecen más significativas de las que habéis realizado en este taller?

Una de las experiencias más bonitas fue cuando trabajamos con el haiku. A los alumnos/as les fascinó la idea de capturar un instante en apenas tres versos, de jugar con las sílabas y de buscar esa conexión con la naturaleza.

Inspirados en autores como Matsuo Basho, escribieron haikus preciosos.

Os dejo un ejemplo de haiku:

«Gota en la hoja,
se desliza en el viento,
tarde de otoño.»

– ¿Con qué momentos o recuerdos te quedas de la actividad hasta el momento?

Hay muchos momentos para recordar, personas que llegaron al taller muy tímidas, sin sentirse capaces y que hoy tienen una soltura excepcional, con confianza en sí mismas. Ver cómo la clase ayuda a las personas a confiar en su capacidad creativa es algo maravilloso. También, cuando los veo declamar en los distintos eventos, porque me llena de orgullo la labor construida.

– ¿Tenéis previsto realizar alguna actividad con motivo del Día Mundial de la Poesía?

Sí, este año queremos hacer un pequeño recital con los poemas que hemos trabajado en el taller. Estamos organizándolo.

– Sabemos que, en tu caso, llevas mucho tiempo escribiendo poesía…

Así es, empecé a escribir poesía en la adolescencia.

– Me gustaría finalizar la entrevista, recogiendo de alguna manera tu propia vivencia y sentir como poetisa.

Decirte que al principio lo hacía de manera privada, como una forma de entender mis emociones y mi entorno. Con el tiempo, me animé a compartir mis textos y descubrí que la poesía tiene una capacidad única para conectar con los demás.

Para mí, escribir poesía es una forma de descubrir el mundo desde otro ángulo, de captar lo que a veces pasa desapercibido. No importa si es un paisaje, una conversación o un recuerdo: todo puede transformarse en un poema.