Una década de compromiso en Alicante: el equipo profesional de inclusión sociolaboral y reducción de daños celebra 10 años con importantes retos
El pasado 1 de junio, el Área de Inclusión Social celebró el décimo aniversario de la apertura de su oficina en Alicante, si bien la Fundación Salud y Comunidad (FSC) ya sumaba una sólida presencia en la zona desde el año 2000. La apertura de este espacio hace una década, marcó un antes y un después, dotando al proyecto de infraestructura y de identidad propia en el registro de entidades de acción social de Alicante. Con una estructura reforzada y la mirada puesta en la provincia de Alicante, FSC arranca una nueva década, como un referente para la cohesión social y el apoyo a los colectivos más vulnerables en el territorio.
El origen de estas instalaciones de FSC en Alicante estuvo estrechamente ligado a la implementación del Servicio de Acompañamiento a Familias con Alquiler Social (SEAFAS). Este proyecto permitió ampliar el ámbito de actuación de las categorías operativas de la clasificación ETHOS (“European Typology on Homelessness and Housing Exclusion”) que se venía desarrollando, con la gestión del Centro de Acogida e Inserción de personas sin hogar (CAI) de Alicante desde el año 2002.
En la actualidad, SEAFAS mantiene su actividad con un volumen de familias muy reducido, si bien la oficina ha ampliado su ámbito de actuación a otros colectivos y ámbitos con grandes necesidades como la salud mental y los proyectos de inserción laboral. Actualmente, un equipo interdisciplinar de 21 profesionales gestiona un total de 12 servicios independientes.
En el marco de la celebración de este aniversario, tuvo lugar un encuentro de carácter interno, en el que se contó con la participación telemática y felicitación del gerente del Área de Inclusión social y Reducción del Daño en Drogodependencias, Toni Garín. También se impartió una píldora formativa sobre la metodología ABCD de trabajo comunitario, a cargo de dos profesionales del ámbito de exclusión residencial, y se presentó al equipo el “nuevo SEAFAS”, que arrancará a mediados de julio, esta vez de mano de la administración autonómica, concretamente de la Entidad Valenciana de Vivienda y Suelo (EVHA).
Este nuevo contrato, implica la apertura de una nueva oficina en Elche e implantación del proyecto en gran parte de la provincia, desde la Marina Baja hasta el sur de la provincia. También, la incorporación de 20 nuevos profesionales al equipo. La duración del contrato es de 3 años más 2 prorrogables, con un presupuesto de más de 850.000 € anuales.
El encuentro, en el que participaron 17 profesionales de la entidad, concluyó en un ambiente festivo con una comida y la tradicional tarta de cumpleaños, un momento simbólico para celebrar los éxitos pasados y los ilusionantes retos que están por venir.
El proyecto “Un espejo, dos reflejos” de la CT “Can Coll” despierta gran interés en un congreso de la Universidad de Deusto sobre drogodependencias
Nuestro compañero Jordi Morillo, director de la Comunidad Terapéutica “Can Coll” de la Fundación Salud y Comunidad (FSC), ha participado recientemente en un congreso celebrado en el Instituto de Drogodependencias de la Universidad de Deusto, donde ha realizado el workshop “Prevención de recaídas en el ámbito penitenciario”, compartiendo los resultados del proyecto “Un espejo, dos reflejos”[1]. Su participación ha permitido dar a conocer una iniciativa innovadora que, desde hace una década, trabaja para tender puentes entre dos realidades tradicionalmente separadas: la de las personas privadas de libertad por delitos relacionados con el tráfico de drogas y la de las personas que realizan un tratamiento residencial para superar una adicción.
La Comunidad Terapéutica “Can Coll” de FSC, junto al Centro Penitenciario Lledoners, han consolidado una experiencia de intervención grupal que reúne a personas privadas de libertad por delitos relacionados con el tráfico de drogas y a personas usuarias en tratamiento residencial por adicciones. Durante su intervención en el congreso, Jordi Morillo, director de la Comunidad Terapéutica “Can Coll”, dio a conocer los principales resultados y aprendizajes de este proyecto que fomenta la empatía, la reflexión crítica y los procesos de cambio personal.
El programa generó un notable interés entre los profesionales asistentes al congreso por abordar, desde una perspectiva innovadora, dos de los grandes retos de la intervención socioeducativa y terapéutica: la prevención de las recaídas en el consumo de sustancias y la reducción de la reincidencia delictiva. Además, puso de relieve la importancia de promover actuaciones coordinadas entre los ámbitos penitenciario y comunitario para avanzar hacia modelos de rehabilitación más eficaces, humanizadores y centrados en las personas.
El proyecto, denominado “Un espejo, dos reflejos”, tiene como objetivo trabajar la empatía como eje terapéutico horizontal; generar conciencia sobre las consecuencias de los actos; reducir las recaídas en el consumo en la comunidad terapéutica; reducir la reincidencia en el delito en el centro penitenciario y favorecer la reinserción social mediante alternativas reales.
La iniciativa nació en 2015 como una propuesta pionera para cuestionar los estereotipos existentes entre personas consumidoras y personas privadas de libertad por delitos relacionados con el tráfico de drogas. Se destaca que, aunque resulta complejo medir de forma cuantitativa sus efectos a largo plazo, los resultados cualitativos obtenidos durante estos años respaldan la continuidad del proyecto. A lo largo de cinco ediciones, el programa ha demostrado que ambos colectivos comparten experiencias de sufrimiento, pérdida y necesidad de cambio.
Se desarrolla mediante cuatro sesiones grupales de tres horas de duración realizadas con frecuencia quincenal. Participan tres internos del programa RESCOM del Centro Penitenciario Lledoners y cinco personas usuarias de la Comunidad Terapéutica “Can Coll”. La primera sesión tiene lugar en el centro penitenciario, mientras que las siguientes se realizan en las instalaciones de “Can Coll”, en un entorno natural.
A través de una metodología basada en el encuentro, el diálogo y la reflexión compartida, el proyecto ha conseguido generar espacios de aprendizaje mutuo donde la responsabilidad y la toma de conciencia se convierten en herramientas fundamentales para favorecer procesos de cambio personal y social.
Los equipos profesionales implicados en el proyecto consideran que el contacto directo entre ambos grupos contribuye a desmontar prejuicios profundamente arraigados y favorece procesos de responsabilización personal. En este sentido, uno de los principales hallazgos ha sido constatar que las personas que realizan un tratamiento residencial para superar una adicción y las personas privadas de libertad por delitos relacionados con el tráfico de drogas comparten patrones comunes, como la mala toma de decisiones, la tendencia a trasladar responsabilidades a terceros y la falta inicial de conciencia sobre las consecuencias de sus actos.
Por otra parte, los testimonios recogidos durante el programa, reflejan un cambio significativo en la percepción de las personas participantes. Algunos internos reconocieron haber comprendido por primera vez el impacto de sus actividades sobre las personas consumidoras, mientras que las personas usuarias de la comunidad terapéutica afirmaron descubrir que las personas privadas de libertad por delitos relacionados con el tráfico de drogas también afrontan problemas familiares, emocionales y sociales similares a los suyos. Ambos grupos coinciden en sus motivaciones para cambiar: recuperar la salud, reconstruir los vínculos familiares y encontrar una alternativa de vida alejada de las drogas y la ilegalidad.
Como síntesis de la filosofía que inspira esta iniciativa, una frase ha quedado grabada entre participantes y profesionales: “La droga destruye desde cualquier lado del espejo”. Esta reflexión resume el principal aprendizaje del proyecto: más allá del papel que cada persona haya desempeñado en relación con las drogas, las consecuencias terminan afectando a todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social. Precisamente por los resultados obtenidos y el impacto transformador observado en las personas participantes, las entidades impulsoras han reafirmado su compromiso de dar continuidad al programa, con el objetivo de seguir promoviendo cambios de creencias, reducir la reincidencia delictiva y las recaídas en el consumo, y fortalecer los procesos de rehabilitación e inclusión social.
[1] La experiencia se explica y está publicada en el libro “Personas, drogas y otras compañeras de viaje: Casos prácticos de intervención socioeducativa en drogodependencias” de Fran Calvo (coordinador) y diversos autores/as, entre ellos Jordi Morillo.
El Ayuntamiento de Madrid acuerda prorrogar el contrato del Centro de Reducción del Daño y Prevención de Sobredosis en la Cañada Real
La Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid ha acordado destinar 2,2 millones de euros para prorrogar el contrato que permite dar continuidad al Centro de Reducción del Daño y Prevención de Sobredosis en la Cañada Real durante los próximos tres años, según ha informado la vicealcaldesa de Madrid y portavoz municipal, Inma Sanz. El objetivo de este recurso, dependiente de la Subdirección General de Adicciones del Organismo Autónomo Madrid Salud del Ayuntamiento de Madrid, gestionado y dirigido por la Fundación Salud y Comunidad (FSC), es mejorar las condiciones básicas de salud de las personas adictas, reducir los riesgos asociados al consumo e intentar que acudan a la red asistencial. El servicio atendió a 188 personas con adicciones durante el pasado año.
Este centro presta atención a personas con adicciones que se encuentran de forma permanente en la Cañada Real y que presentan un importante deterioro biopsicosocial. Su objetivo es mejorar sus condiciones básicas de salud, reducir los riesgos asociados al consumo de sustancias y favorecer, cuando es posible, la vinculación con la red asistencial de tratamiento de adicciones.
Se trata de un recurso municipal que se puso en marcha en 2019 para dar respuesta a la compleja realidad que se vive en esta zona. Desde 2024, el dispositivo cuenta también con una Sala de Prevención de Sobredosis destinada a supervisar, sensibilizar e informar sobre el consumo intravenoso y disminuir el consumo en la vía pública.
Según fuentes del Ayuntamiento de Madrid, durante el pasado año 2025, el centro realizó seguimiento a 188 personas (55 mujeres y 133 hombres). El 77 % de las personas usuarias eran españolas y el 23 % inmigrantes, en su mayoría en situación administrativa irregular. Por edad, la franja más representada fue la de 46 a 65 años (52 %), seguida de la de 26 a 45 años (47 %).
La situación residencial de estas personas muestra su alto grado de vulnerabilidad: 174 pernoctaban en la calle, nueve no tenían vivienda y tan solo cinco vivían en una casa adecuada. La mayoría presentaban un policonsumo, destacando como principales sustancias la cocaína, el “speedball” (mezcla de heroína y cocaína) y la heroína.
Tal y como detallan desde el Ayuntamiento de Madrid, entre las principales actuaciones desarrolladas en 2025, se realizaron 26 derivaciones a recursos de adicciones, 12 derivaciones a recursos de atención a personas sin hogar y 188 acompañamientos a distintos dispositivos. Además, se realizaron 1.520 coordinaciones con otros recursos. En el ámbito sociosanitario, el centro prestó apoyo en la toma de medicación en 138 ocasiones y realizaron 256 curas. Se registraron, además, 36.743 prestaciones relacionadas con alimentación, servicio de ducha, lavandería, ropero y entrega de artículos de higiene.
Por otra parte, se señala que la Sala de Prevención de Sobredosis fue utilizada 572 veces por 45 personas distintas. Este espacio está orientado a prevenir situaciones de riesgo, reducir daños del consumo intravenoso y facilitar una intervención sanitaria inmediata en un entorno seguro.
Cabe destacar que la reducción de daños constituye una estrategia de salud pública orientada a disminuir las consecuencias negativas asociadas al consumo de sustancias. En la Cañada Real, esta intervención permite acercar la atención sociosanitaria a un colectivo especialmente vulnerable, formado por personas que no pueden o no quieren dejar de consumir y que, a menudo, están en situación de exclusión severa.
El dispositivo desarrolla dos líneas de intervención: el programa de intervención psicosocial y el de prevención de sobredosis. El primero incluye actuaciones de prospección, captación e intervención en medio abierto. En este sentido, el equipo profesional proporciona atención sanitaria y social básica, apoyo emocional, orientación, acompañamiento a recursos, cuidados de higiene, alimentación, lavandería, ropero, consigna y apoyo en trámites básicos. También se realizan acciones dirigidas a mejorar la calidad de vida de las personas atendidas, fomentar hábitos saludables y favorecer su participación en su proceso de cuidado.
En el programa de prevención de sobredosis se realiza una supervisión del consumo, se entrega material estéril de un solo uso, se informa sobre prácticas de menor riesgo y se proporciona atención sanitaria, si es necesaria.
El servicio cuenta con un equipo multidisciplinar, integrado por monitores y monitoras, así como por profesionales de las áreas psicosocial y sanitaria, entre los que se encuentran personal de enfermería, psicología, medicina y trabajo social. Este equipo desarrolla una intervención orientada a mejorar la salud, el bienestar y la calidad de vida de las personas atendidas, adaptándose a sus necesidades específicas.
Junto a la atención sociosanitaria, el centro promueve actividades de ocio y tiempo libre que favorecen la participación y la convivencia. Asimismo, se desarrollan talleres centrados en la prevención del daño y/o relacionados con la adicción.
El recurso cuenta también con la colaboración de personas voluntarias que son peluqueras profesionales (Barber y Àngels).
Desde la Fundación Salud y Comunidad y el equipo de profesionales del Centro de Reducción del Daño y Prevención de Sobredosis en la Cañada Real, queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid, así como a la Subdirección General de Adicciones de Madrid Salud, por esta prórroga.
La decisión de destinar 2,2 millones de euros para prorrogar el contrato de este recurso durante los próximos tres años, no solo garantiza la continuidad de un servicio esencial, sino que demuestra un firme compromiso con la salud pública y con la protección de las personas en situación de extrema vulnerabilidad.
La CT “Riera Major” de FSC presenta una innovadora propuesta de expresión artística teatral en el XIII Ágora de la FCD
Barcelona ha acogido una nueva edición del encuentro Ágora de la Federación Catalana de Drogodependencias (FCD), un espacio de intercambio y reflexión profesional que reúne iniciativas en el ámbito de la intervención social y el tratamiento de las adicciones. En el marco de esta jornada, Irene Fernández-Arévalo Díaz, educadora social de la Comunidad Terapéutica “Riera Major” de la Fundación Salud y Comunidad (FSC) ha compartido la propuesta terapéutica y educativa: "Expresión artística. El viaje del teatro hacia el cuerpo y las emociones", desarrollada semanalmente en el centro.
La educadora social compartió la experiencia de un proyecto que utiliza el teatro y la expresión artística para acompañar los procesos de recuperación de las personas atendidas en la Comunidad Terapéutica “Riera Major”, servicio residencial especializado en el tratamiento de las adicciones de FSC ubicado en Cataluña.
Durante su intervención, expuso el trabajo que se lleva a cabo cada domingo con las personas usuarias del recurso, utilizando herramientas teatrales y expresivas como complemento a los procesos terapéuticos de recuperación. La propuesta parte de un abordaje integral de la adicción, entendida como un fenómeno complejo, en el que intervienen factores biológicos, psicológicos, emocionales y sociales, y apuesta por incorporar el cuerpo, la creatividad y la experiencia vivencial al tratamiento.
En este sentido, Irene Fernández-Arévalo explicó cómo el teatro puede convertirse en un espacio seguro para explorar emociones, conflictos y experiencias difíciles de verbalizar, favoreciendo la conciencia corporal y emocional, así como el desarrollo de nuevas formas de relacionarse.
Asimismo, explicó que la iniciativa también pone el foco en aspectos fundamentales para la recuperación, como la gestión emocional, ayudando a canalizar las distintas emociones de manera creativa; en la reconstrucción de la identidad más allá de la etiqueta de “persona adicta”; y el desarrollo de las habilidades sociales y la adquisición de nuevas perspectivas, ya que, al representarse situaciones conflictivas, las personas en tratamiento pueden observar su comportamiento desde fuera.
Las sesiones se estructuran en diferentes fases que incluyen preparación corporal y sensorial, trabajo de conexión individual y grupal, dinámicas de cohesión, improvisación teatral, role playing y espacios de reflexión compartida.
La propuesta no pretende sustituir la psicoterapia ni otras intervenciones especializadas, sino complementarlas desde una metodología experiencial que facilite la integración entre pensamiento, emoción y cuerpo. Según expuso durante la presentación, “el escenario se convierte en un espacio de experimentación, donde es posible observar patrones de comportamiento, ampliar perspectivas y construir nuevas narrativas sobre la propia historia”.
La jornada, celebrada en la sede de la Federación Catalana de Drogodependencias (FCD) en Barcelona, reunió a profesionales y entidades del Tercer Sector para compartir proyectos innovadores relacionados con la prevención, el acompañamiento y la atención a las personas con problemas de adicciones y otras situaciones de vulnerabilidad social.
Los grupos de género de la Fundación Salud y Comunidad: espacios para hablar, cuidarse y crecer juntas
En los recursos residenciales y ambulatorios del Circuito de Atención a las Adicciones de la Fundación Salud y Comunidad (FSC), los grupos de género empezaron a implementarse hace años como una estrategia específica para dar respuesta a las necesidades diferenciadas de las personas que atendemos. Estos espacios han ido evolucionando y adaptándose a nuevos conocimientos, retos y realidades sociales, pudiendo incorporar metodologías más innovadoras y promoviendo, también, una formación continua para nuestras profesionales. Más allá de su función terapéutica, se han convertido en espacios de reflexión, apoyo mutuo y empoderamiento, consolidándose como un elemento fundamental dentro de los itinerarios de atención y recuperación que ofrece FSC.
Así pues, los grupos de género se han consolidado como un elemento esencial de la intervención terapéutica, siendo un grupo sólido que se enmarca en las actividades semanales que se llevan a cabo en nuestros servicios: son espacios de confianza, de escucha, de reflexión y de reparación compartida. Las personas encuentran un lugar donde pueden ser ellas mismas, hablar sin miedo y dejar atrás los silencios, las vergüenzas, las culpas… generando procesos de mutuo reconocimiento. Son espacios en los que se permite hablar de las desigualdades de género y de las diferentes interseccionalidades que atraviesan sus trayectorias vitales.
En esta ocasión, nos centramos en el grupo de género de mujeres que se realiza en el Piso Terapéutico Cosmos de FSC en la ciudad de Barcelona. El grupo de género de mujeres es un espacio que se construye desde el rescoldo y la proximidad. Entre infusiones, conversaciones y dinámicas pensadas para ellas, el grupo se convierte en un punto de encuentro en el que se refuerza el vínculo entre compañeras y también, con el equipo profesional. La idea es clara: no se trata sólo de “hacer una actividad”, sino de generar un entorno seguro en el que cada mujer pueda ocupar su lugar sin tener que hacerse pequeña.
Las sesiones abordan diversos temas, siempre con una mirada feminista y transformadora. Desde la relación con la comida y los hábitos de cuidado, hasta los límites personales, la abstinencia, el placer o la sexualidad, el grupo abre conversaciones que conectan con experiencias vitales profundas y procesos de recuperación personales.
También existe espacio para la cultura y la reflexión. Documentales, libros, cuentos, relatos y autoras feministas forman parte de un itinerario que combina emoción, pensamiento crítico y aprendizaje colectivo. Todo ello hace del grupo de género un recurso imprescindible dentro de un proyecto terapéutico mixto, en el que los espacios de mujeres aportan una mirada específica y necesaria.
El grupo de género del Piso Terapéutico Cosmos de FSC se consolida como un espacio terapéutico de referencia, capaz de favorecer procesos de transformación personal y promover una recuperación integral con perspectiva de género.
Cuando las mujeres disponen de un espacio propio, seguro y respetuoso, no sólo comparten vivencias; también se reconocen, fortalecen y avanzan juntas. A través de la escucha, el soporte mutuo y la reflexión compartida, se generan vínculos significativos que contribuyen a reforzar la autoestima, la autonomía y el sentimiento de pertenencia.
FSC se suma al manifiesto de la UNAD, con motivo del Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas
La Fundación Salud y Comunidad (FSC), integrada en UNAD, la Red de Atención a las Adicciones, se suma al manifiesto, difundido con motivo del Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas que se celebra el 26 de junio. Además, participa en la acción de sensibilización, impulsada por la red para poner en el centro de esta jornada a las personas con adicciones y contribuir a la reducción de estigmas. FSC reafirma su compromiso con unas políticas de drogas y adicciones basadas en los derechos humanos, la evidencia científica, la participación comunitaria y la atención integral, así como con la defensa de respuestas complejas, sostenidas en el tiempo y centradas en las personas.
Con motivo del Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, que se conmemora el 26 de junio, la Fundación Salud y Comunidad (FSC), entidad integrada en UNAD, la Red de Atención a las Adicciones, se suma al manifiesto promovido por la red, en el que se traslada a las administraciones públicas una reflexión que considera urgente para el presente y el futuro de las políticas públicas de drogas y adicciones.
A través de este documento, las entidades que forman parte de UNAD expresan su preocupación ante la tendencia creciente a diluir la especificidad de las políticas de drogas y adicciones dentro de marcos más amplios de salud mental, lo que podría afectar a la capacidad de respuesta de un sistema que durante décadas ha demostrado su eficacia desde un enfoque integral.
Se considera que, en caso de integrarse las adicciones en estructuras más amplias de salud mental, es fundamental preservar la especificidad. De esta manera, resulta imprescindible mantener un modelo de intervención especializado, garantizando que esta integración no diluya las respuestas, recursos y conocimientos específicos que requieren las personas con problemas de adicción.
En este sentido, UNAD defiende que las políticas de drogas y adicciones requieren una mirada específica, capaz de abordar la complejidad de los procesos de consumo y recuperación, así como la diversidad de situaciones vitales de las personas.
Asimismo, señala que cuando estos problemas se abordan prioritariamente desde una lógica clínica o se integran en el sistema de salud mental sin preservar suficientemente su identidad propia, existe el riesgo de que pierdan protagonismo enfoques esenciales como la prevención, la reducción de riesgos y daños, la incorporación social y la perspectiva de género, pilares fundamentales del actual sistema de atención.
Además, recuerda que la prevención debe entenderse como una estrategia transversal, presente a lo largo de todo el ciclo vital y en los distintos entornos donde se construyen los hábitos y relaciones sociales, desde el ámbito familiar y educativo hasta los espacios comunitarios, laborales y digitales.
También, subraya la importancia de la reducción de riesgos y daños como una intervención imprescindible para proteger la salud, los derechos y la vida de las personas, especialmente en un contexto de transformación de los mercados de drogas, aparición de nuevas sustancias y evolución de los patrones de consumo.
La entidad destaca la incorporación sociolaboral como parte inseparable de los procesos de atención, recordando que el acceso a la vivienda, el empleo, la formación y las redes de apoyo resulta determinante para la sostenibilidad de los procesos de recuperación.
Del mismo modo, insiste en que las mujeres con problemas de adicciones siguen enfrentando barreras específicas de acceso a los recursos, mayores niveles de estigma y situaciones de especial vulnerabilidad, derivadas de desigualdades estructurales. Ello hace imprescindible mantener la perspectiva de género como eje transversal de todas las políticas públicas en este ámbito, así como reforzar y desarrollar recursos específicos y adaptados a las necesidades de las mujeres.
Por último, UNAD insiste en la importancia de preservar una planificación estable, una financiación suficiente y una coordinación efectiva entre niveles y ámbitos de intervención, así como en el papel esencial del Tercer Sector, especializado en el diseño, desarrollo y evaluación de las políticas públicas de adicciones.
Esta acción busca recordar la importancia de situar a las personas en el centro de las políticas y de las intervenciones, además de sensibilizar sobre cómo el lenguaje influye en la construcción del estigma y en la percepción social de las adicciones.
A través de esta campaña, se hace un llamamiento a utilizar palabras que contribuyan a reducir prejuicios, favorecer la comprensión social y promover la inclusión de las personas con problemas de adicciones.
Acceso al manifiesto aquí.
El valor del voluntariado en la recuperación y el bienestar de mujeres víctimas de violencia de género y adicciones
Ante todo, quiero agradecer la oportunidad de participar como voluntaria en los Pisos de acogida para mujeres y sus hijos e hijas víctimas de violencia de género con problemas de consumo de drogas de la Fundación Salud y Comunidad (FSC) en Barcelona.
Decidí formar parte de este proyecto porque considero que todas las personas merecen una oportunidad para reconstruir su vida y recuperar su bienestar. Muchas de estas mujeres han atravesado situaciones de gran vulnerabilidad marcadas por la violencia, la exclusión social y, en muchos casos, por problemas de adicción. Estas experiencias suelen dejar profundas secuelas emocionales que afectan a la autoestima, la confianza y la capacidad de proyectarse hacia el futuro. Por ello, creo que es fundamental que puedan contar con espacios seguros, así como con profesionales y personas voluntarias que las acompañen en sus procesos de recuperación. Poder formar parte de ese acompañamiento supone para mí una experiencia profundamente enriquecedora, tanto a nivel personal como humano.
Mi labor como voluntaria consiste en impartir clases de yoga a las mujeres residentes. Considero que esta práctica puede aportar beneficios especialmente valiosos en un contexto como este, ya que ofrece un espacio de calma y autocuidado que muchas veces ha estado ausente en sus vidas. A través de la respiración consciente, el movimiento y la atención plena, el yoga les permite detenerse, escuchar sus necesidades y reconectar con su cuerpo desde una perspectiva amable y respetuosa.
Esta dimensión resulta particularmente importante en mujeres que han sufrido violencia de género, ya que con frecuencia estas experiencias generan una desconexión corporal y emocional. El yoga puede contribuir a recuperar la sensación de seguridad en el propio cuerpo, favorecer la regulación emocional y proporcionar herramientas para gestionar la ansiedad, el estrés o los pensamientos intrusivos. Además, fomenta la autoestima y la confianza personal, aspectos esenciales para afrontar los cambios y desafíos que implica cualquier proceso de recuperación.
Compartir este camino con ellas es una experiencia muy valiosa, tanto con quienes llegan motivadas desde el principio como con aquellas que muestran más resistencia o inseguridad. Al comienzo, algunas se sienten observadas o creen que no serán capaces de realizar la práctica, pero poco a poco van descubriendo que el yoga no exige rendimiento ni perfección, sino presencia y escucha. Es muy gratificante observar su evolución: cómo exploran la práctica durante los días en que no compartimos clase, cómo realizan sus propias propuestas, comparten sus logros, mantienen la constancia y se apoyan mutuamente. Estos pequeños avances reflejan no solo una mejora en la práctica física, sino también un aumento de la confianza en sus propias capacidades.
Otro aspecto especialmente significativo es la creación de vínculos entre las participantes. Las clases se convierten en un espacio compartido donde pueden sentirse acompañadas, reconocidas y comprendidas. La posibilidad de construir relaciones basadas en el respeto, la cooperación y el apoyo mutuo contribuye a combatir el aislamiento que muchas han experimentado y fortalece el sentimiento de pertenencia a una comunidad.
Además de afrontar las consecuencias de la violencia sufrida, muchas de ellas deben enfrentarse a procesos de recuperación relacionados con las adicciones. A ello se suman las dificultades económicas, la búsqueda de empleo y la responsabilidad de cuidar de sus hijos e hijas. Todas estas circunstancias hacen que su proceso de recuperación sea complejo y requiera una intervención integral que contemple, tanto las necesidades materiales como las emocionales y sociales. Por este motivo, resulta imprescindible que dispongan de recursos especializados y de una red de apoyo sólida que les permita avanzar de manera sostenida hacia una vida más autónoma.
Estoy convencida de que, con los recursos adecuados y el acompañamiento necesario, estas mujeres pueden recuperar su autonomía, fortalecer sus capacidades y desarrollar todo su potencial. En este proceso, el yoga no constituye una solución aislada, sino una herramienta complementaria que puede favorecer el bienestar físico y emocional, promover el autoconocimiento y ofrecer recursos útiles para afrontar las dificultades cotidianas. Poder contribuir, aunque sea modestamente, a ese camino de recuperación y crecimiento personal es una experiencia que considero profundamente valiosa y transformadora.
Carmina Araez, voluntaria de los Pisos de acogida para mujeres y sus hijos e hijas víctimas de violencia de género con problemas de consumo de drogas de FSC.
“La musicoterapia permite trabajar aspectos profundos con mujeres, sin necesidad de verbalizar constantemente experiencias dolorosas”
Marie Laure Rodríguez Quiroga es musicoterapeuta, trabajadora social, e investigadora especializada en violencia machista y recuperación del trauma. Actualmente, es doctoranda en la Universidad Miguel Hernández de Elche, donde investiga la eficacia de la musicoterapia en el bienestar y la salud psicológica de mujeres en situación de violencia machista de pareja. Cuenta con treinta años de experiencia en intervención con mujeres en situación de violencia machista, investigación y docencia. Ha dirigido el Centro de Acogida Inmediata para víctimas de violencia de género de Álava, gestionado por la Fundación Salud y Comunidad (FSC) y coordinó el Departamento “Equality and Women Studies” (Estudios de Igualdad y de la Mujer) en la EuroMed University_EMUI y la Euromediterranean Network Against Sexual Violence. Su trabajo integra musicoterapia, teoría del trauma, teoría polivagal y empoderamiento de las mujeres, habiendo desarrollado proyectos de intervención, investigación y divulgación, tanto a nivel nacional como internacional.
- ¿Cómo surgió tu propuesta de integrar la musicoterapia en el ámbito de la violencia machista?
La propuesta surgió de mi trayectoria profesional trabajando con mujeres que han vivido situaciones de violencia machista. Durante años, he podido observar las dificultades que muchas de ellas encuentran para expresar determinadas emociones, únicamente a través de la palabra, e incluso acompañar el proceso de recuperación y liberación de la violencia machista, sin caer en la victimización secundaria. La música ofrece una vía diferente, más segura y menos invasiva, para conectar con la propia experiencia, con los recursos personales y con la capacidad de empoderamiento.
Además, cuando comencé a revisar la literatura científica, descubrí que existían muy pocos estudios sobre musicoterapia y violencia machista, apenas una docena de investigaciones, a pesar de la prevalencia de esta realidad a escala mundial. Esa falta de producción científica me llevó a querer aportar evidencia científica y abrir nuevas posibilidades de intervención.
- ¿Qué respuesta hubo en los centros, de cara a la realización de estas sesiones?
La acogida por parte de los centros ha sido muy positiva. Desde el primer momento, mostraron interés por incorporar una propuesta innovadora que complementara los recursos terapéuticos que ya ofrecen a las mujeres.
Las participantes son mujeres adultas que han vivido o están viviendo situaciones de violencia machista de pareja. Algunas residen en recursos de acogida y otras reciben atención ambulatoria en servicios especializados. Son mujeres con trayectorias muy diversas, edades diferentes y momentos distintos, dentro de su proceso de recuperación, pero todas comparten la necesidad de reconstruir su bienestar emocional, fortalecer su autoestima y recuperar la confianza en sí mismas.
- ¿Cómo está siendo la experiencia de llevar a cabo estas sesiones en los distintos centros?
Actualmente, están participando diferentes recursos dirigidos por la Fundación Salud y Comunidad, entre ellos el SSLL Segrià, SAR SEGRIÀ, Pisos de Violencia Machista y Adicciones, CMAU-VM, Espai Ariadna, el SIE de Tarragona y el CRI Constanza Alarcón de Mutxamel, en Alicante.
La experiencia está siendo profundamente enriquecedora, tanto a nivel profesional como humano. Cada centro tiene sus propias características, sus dinámicas y sus realidades particulares, pero hay algo que se repite en todos ellos: la necesidad de disponer de espacios seguros donde las mujeres puedan reconectar consigo mismas, más allá de la violencia que han vivido.
- ¿De qué forma se aplica esta metodología en las sesiones?
En las sesiones de musicoterapia, las participantes utilizan la música de manera directa mediante improvisación, creación musical, trabajo con canciones, instrumentos y experiencias grupales.
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es que el empoderamiento no se trabaja necesariamente desde el relato de la violencia. Tradicionalmente, las intervenciones han puesto el foco en que las mujeres vuelvan una y otra vez sobre las experiencias traumáticas. En este caso, el foco se sitúa en sus fortalezas, recursos, identidad, capacidad de decisión y proyectos de futuro. Esto permite evitar procesos de victimización secundaria y crear espacios terapéuticos donde las mujeres no son definidas por la violencia vivida, sino por sus capacidades y potencialidades.
- ¿Qué es lo más gratificante o significativo para ti de tu trabajo en estas sesiones?
Lo más gratificante es observar cómo las mujeres vuelven a conectar con partes de sí mismas que habían quedado silenciadas. A menudo llegan con sentimientos de inseguridad, miedo o pérdida de confianza, y poco a poco, comienzan a reconocerse desde otro lugar.
También, resulta muy emocionante ver cómo se generan redes de apoyo entre ellas. La música facilita encuentros muy auténticos y permite compartir experiencias sin necesidad de verbalizarlas constantemente. Ver aparecer sonrisas, creatividad, iniciativa y nuevas formas de relacionarse es probablemente uno de los aspectos más valiosos de este trabajo.
- Por otra parte, el programa también contempla intervención con las profesionales. ¿En qué consiste?
Esta es una de las líneas más innovadoras de la investigación. Hasta donde he podido comprobar, no existen estudios que hayan analizado el impacto de la musicoterapia en profesionales que trabajan con mujeres en situación de violencia machista.
Las profesionales participan en sesiones individuales utilizando el método BMGIM (Bonny Method of Guided Imagery and Music), una metodología de musicoterapia receptiva que combina escucha musical e imaginación guiada. El objetivo es ofrecer un espacio de cuidado profesional que ayude a gestionar el desgaste emocional asociado al trabajo cotidiano con situaciones de trauma, sufrimiento y vulnerabilidad.
- Desde que empezaste estas intervenciones, ¿qué cambios o resultados has podido observar, tanto en las mujeres como en las profesionales?
Aunque la investigación todavía está en marcha y los resultados definitivos requerirán el análisis estadístico correspondiente, ya se observan cambios muy interesantes.
En muchas mujeres, se aprecia una mayor participación, una mejora en la expresión emocional, un fortalecimiento de la autoestima y una mayor confianza en la toma de decisiones. También destacan cambios en la forma en que se perciben a sí mismas y en cómo imaginan su futuro.
En las profesionales, las primeras impresiones apuntan hacia una mayor conciencia de sus propias necesidades de autocuidado, una mejor identificación de señales de desgaste emocional y una sensación de mayor bienestar y regulación interna.
- ¿Existen desafíos específicos al implementar la musicoterapia en este contexto que quieras destacar?
Sí, existen varios desafíos. Uno de ellos es que todavía hay poco conocimiento sobre el potencial de la musicoterapia en este ámbito, por lo que a menudo es necesario explicar qué es exactamente y cuáles son sus fundamentos científicos.
Otro reto importante es trabajar siempre desde una perspectiva sensible al trauma. La música tiene una enorme capacidad para movilizar emociones, por lo que es fundamental diseñar intervenciones seguras, respetar los ritmos individuales y garantizar que cada participante mantenga el control sobre su proceso terapéutico. Aquí es donde cobra especial importancia la teoría polivagal y la necesidad de interseccionarla con la musicoterapia para crear espacios seguros.
También supone un desafío desarrollar investigación rigurosa en contextos tan complejos, pero precisamente por eso resulta tan necesario.
- Parece ser que hay poca investigación sobre musicoterapia y violencia machista, y aún menos con profesionales. ¿Cómo crees que este enfoque podría influir en futuras intervenciones o en la práctica profesional de musicoterapia en este ámbito?
Sí, existen varios desafíos. Uno de ellos es que todavía hay poco conocimiento sobre el potencial de la musicoterapia en este ámbito, por lo que a menudo es necesario explicar qué es exactamente y cuáles son sus fundamentos científicos.
Otro reto importante es trabajar siempre desde una perspectiva sensible al trauma. La música tiene una enorme capacidad para movilizar emociones, por lo que es fundamental diseñar intervenciones seguras, respetar los ritmos individuales y garantizar que cada participante mantenga el control sobre su proceso terapéutico.
También supone un desafío desarrollar investigación rigurosa en contextos tan complejos, pero precisamente por eso resulta tan necesario.
- ¿Qué recomendaciones darías a otros/as profesionales que quieran explorar la musicoterapia con mujeres en contextos de violencia o con profesionales del ámbito?
Lo primero que recomendaría es formarse adecuadamente tanto en musicoterapia como en trauma y violencia machista. No basta con conocer técnicas musicoterapéuticas; es fundamental comprender cómo afecta la violencia a nivel psicológico, emocional, corporal y relacional. Trabajamos con personas que han vivido experiencias complejas y, por tanto, necesitamos intervenciones sensibles al trauma y basadas en la seguridad.
También recomendaría adoptar una perspectiva feminista y centrada en la persona. Durante mucho tiempo, muchas intervenciones se han focalizado en el daño sufrido. Sin embargo, es igualmente importante generar espacios donde las mujeres puedan recolectar con sus fortalezas, capacidades, recursos internos y proyectos de vida. La musicoterapia tiene un enorme potencial para ello porque permite trabajar con ellas aspectos profundos, sin necesidad de verbalizar constantemente experiencias dolorosas.
Otra recomendación seria respetar siempre los ritmos individuales. La música puede movilizar emociones muy intensas y abrir procesos significativos de reflexión. Por ello, es importante no precipitarse ni forzar experiencias para las que la persona quizá todavía no está preparada.
En el caso de las profesionales que trabajan con mujeres en situación de violencia machista, considero fundamental reconocer que quienes acompañan, también necesitan ser cuidadas. A menudo hablamos del impacto de la violencia sobre las mujeres, pero menos del efecto que la exposición continuada al sufrimiento ajeno, puede tener sobre los equipos profesionales. El burnout, la fatiga por compasión o el trauma vicario son realidades que merecen atención. Precisamente por eso creo que la musicoterapia puede convertirse también en una herramienta valiosa para el autocuidado profesional. La música facilita espacios de regulación emocional, reflexión, conexión con los propios recursos internos y fortalecimiento del bienestar psicológico. Incorporar estas prácticas de forma preventiva puede contribuir a la sostenibilidad del trabajo profesional y a una mejor calidad de la atención prestada.
Una jornada de cultura y convivencia en la Colonia Güell reúne a residentes de las Viviendas con Servicios para Personas Mayores de FSC en Barcelona
Las personas usuarias de las Viviendas con Servicios para Personas Mayores del Ayuntamiento de Barcelona, gestionadas por FSC, han disfrutado recientemente de una enriquecedora salida cultural a la Colonia Güell, ubicada en Santa Coloma de Cervelló (Barcelona). La actividad se organizó coincidiendo con la conmemoración del centenario del fallecimiento del arquitecto barcelonés Antoni Gaudí, uno de los máximos exponentes del modernismo catalán, permitiendo a las personas mayores acercarse a una de las obras más singulares de su legado, en un ambiente de aprendizaje, participación y compañerismo.
La iniciativa surgió a raíz del premio concedido por la Fundación Salud y Comunidad por la participación de estos servicios en el concurso “Brillas con nosotros en Navidad”. “Cuando se nos comunicó que cada servicio recibiría un reconocimiento por su implicación, pensamos que la mejor forma de celebrarlo sería organizando una salida conjunta fuera de la ciudad para las personas usuarias de los tres servicios”, explican desde la dirección.
Además, “la propuesta fue acogida con entusiasmo por nuestra coordinadora de área, Carme Trilla, que apoyó la iniciativa desde el primer momento. El objetivo era ofrecer una experiencia que fomentara la convivencia, el intercambio de experiencias y la creación de nuevos vínculos entre las personas residentes de los diferentes servicios. Asimismo, al conocer el proyecto, la técnica de gestión de las Viviendas con Servicios del Ayuntamiento de Barcelona, Chus Pons, decidió sumarse a la actividad y compartir la jornada con todas las personas participantes”, afirman.
La excursión comenzó desde primera hora de la mañana. El trayecto en autocar se convirtió en una excelente oportunidad para que vecinas y vecinos de los distintos servicios se conocieran, conversaran y compartieran expectativas sobre la jornada. El ambiente de ilusión y compañerismo estuvo presente desde el inicio del viaje.
“Una vez en la Colonia Güell, recogimos las audioguías y comenzamos la visita a esta singular colonia industrial textil, uno de los conjuntos modernistas más importantes de Cataluña. La primera parada fue la Cripta de Gaudí, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Tuvimos la suerte de poder disfrutarla prácticamente en exclusiva, lo que nos permitió apreciar con calma todos los detalles de esta obra excepcional”, manifiestan.
A continuación, recorrieron algunos de los edificios más emblemáticos de la colonia, como la casa rectoral, la casa del maestro, la vivienda del médico y la antigua biblioteca, descubriendo la historia y el legado de un espacio que combina patrimonio, arquitectura y memoria colectiva.
La jornada culminó con una comida en el teatro del Ateneu Unió, un momento muy esperado por todas las personas participantes. Allí pudieron descansar, brindar, intercambiar impresiones y seguir compartiendo experiencias en un ambiente distendido y agradable.
Más allá del interés cultural de la visita, esta salida puso de manifiesto la importancia de promover actividades desde estos servicios que favorezcan un envejecimiento activo. Las experiencias compartidas, el contacto con nuevos entornos y la oportunidad de relacionarse con otras personas, contribuyeron de manera significativa al bienestar emocional y socialización de las personas mayores usuarias de estas viviendas.
En este sentido, la actividad recibió una valoración muy positiva por parte de las mismas. “Regresamos a Barcelona con nuevos recuerdos, nuevas amistades y la satisfacción de haber disfrutado de una jornada marcada por la convivencia, el aprendizaje y el descubrimiento de nuestro patrimonio cultural. Una experiencia llena de buenos momentos que, sin duda, permanecerán en nuestra memoria”, destacan.
El Proyecto Malva de FSC incide en las adicciones masculinas desde la perspectiva de género en su campaña 2026
El Proyecto Malva de la Fundación Salud y Comunidad (FSC), ha hecho pública su campaña para el año 2026, titulada: “Hombres y consumos de sustancias. Un recorrido a través del laberinto desde la perspectiva de género”. Con esta iniciativa, FSC busca generar un cambio profundo en el abordaje de las adicciones, proponiendo dejar de analizar el consumo como un problema individual. En su lugar, invita a observar las relaciones, las desigualdades estructurales y las violencias que se intersectan con el abuso de sustancias en la población masculina. La campaña cuenta con la financiación de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (Ministerio de Sanidad).
La iniciativa pone el foco en la necesidad de incorporar una perspectiva de género, enfocada en la masculinidad hegemónica. Esto ayuda a reconocer cómo se expresan determinados privilegios y qué consecuencias específicas sufren las mujeres y el entorno cercano, para mejorar las intervenciones.
En este sentido, el concepto central, estructurado como un “laberinto”, invita a reflexionar e intervenir sobre cinco dimensiones esenciales:
- Las emociones: la gestión emocional y sus carencias en los contextos de consumo. Muchas veces, son las mujeres de su entorno quienes sostienen la incertidumbre y se hacen cargo de las consecuencias del malestar emocional de los hombres.
- El cuerpo: el cuerpo masculino no es solo un cuerpo vulnerable o dañado. A menudo hay mujeres que curan, acompañan, sostienen y reorganizan la vida cotidiana cuando ese cuerpo enferma, se lesiona o se deteriora.
- El riesgo: muchas veces ese privilegio se expresa en la idea de que “yo controlo”, en la minimización del riesgo y en la posibilidad de arrastrar a otras personas a consecuencias que no han elegido. Son las mujeres de su entorno quienes asumen cambios, cubren imprevistos y sostienen la inestabilidad que ese riesgo introduce en la vida cotidiana.
- La salud: el deterioro y la recuperación no son procesos individuales. A menudo, son las mujeres quienes acompañan tratamientos y recaídas, sostienen los cuidados y asumen las consecuencias cotidianas de estos procesos. Ellas, en cambio, no suelen aparecer como personas a las que cuidar.
- La violencia: los vínculos explícitos entre el abuso de sustancias y las conductas agresivas. Su impacto no se agota en el episodio violento: a menudo acarrean miedo, aislamiento, desgaste psicológico y estrategias cotidianas de afrontamiento y supervivencia que recaen sobre las mujeres, a veces incluso a través de sus propios consumos.
Para lograr un proceso de cambio efectivo, el Proyecto Malva de FSC propone incorporar una mirada de género a la masculinidad que transforme las lógicas de intervención tradicionales.
La campaña articula su estrategia en torno a los siguientes ejes de acción:
- Responsabilidad y compasión: promover intervenciones que incorporen la dimensión relacional y ética, favoreciendo la responsabilidad y la compasión como valores que posibiliten una salud y una calidad de vida colectivas.
- Fomentar la escucha activa, la empatía y el respeto mutuo hacia los límites propios y ajenos.
- Impacto comunitario: desplazar la percepción del "riesgo individual" al plano interpersonal, visibilizando cómo las conductas de consumo afectan directamente a las mujeres y a sus entornos cercanos.
- Cuidado digno: reconocer y asumir que las mujeres son personas con el mismo derecho a la dignidad, la salud y los cuidados.
- Abordaje integral de las violencias: integrar de forma sistemática la exploración de posibles daños y violencias hacia las parejas y entornos cercanos, haciendo visible esta realidad dentro del tratamiento.
Con esta campaña, el Proyecto Malva de FSC no solo propone un cambio en las herramientas de intervención, sino que abre un debate urgente sobre la necesidad de desmantelar los mandatos de la masculinidad tradicional en el ámbito de las adicciones.
Puedes acceder a todas las campañas del proyecto aquí.














